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Ciudades reinventadas

“Desde todas partes y en todos sus puntos, Toledo es alucinante y desmesurado”. Ortega y Gasset 

Toledo es un laberinto de historia viva y compartida. Una ciudad que tiene algo importante que aportar a los problemas actuales y universales de convivencia y paz: su herencia histórica de coexistencia y tolerancia de las Tres Culturas, la judía, la cristiana y la musulmana. Todos los estilos arquitectónicos y todas las culturas han dejado muestras singulares de su presencia en Toledo.

Esta ciudad ha sabido conservar un patrimonio inigualable que hunde sus orígenes en el Neolítico, si bien su entrada en la historia se produce en el año 192 antes de Jesucristo, al ser conquistada por las legiones romanas. La civilización romana la denominó Toletum y bajo su dominación se construyeron templos, teatros, anfiteatros, circos, murallas y acueducto. Con la desaparición de la Hispania romana, la ciudad fue ocupada los visigodos que la convirtieron en su capital, extendiendo su reino a toda la Península. La conversión de su rey Recaredo, en el año 587, y la celebración en ella de los concilios visigóticos iniciaron la vinculación de la ciudad con el cristianismo. Con la llegada de los musulmanes a principios del siglo VIII la ciudad pasa a denominarse Toleitola.

Las tropas cristianas de Alfonso VI entraron en Toledo el 25 de mayo del año 1085 poniendo fin a la dominación árabe, aunque la conquista completa de la Península Ibérica no se produjo hasta el año 1492. Durante esos siglos medievales, la ciudad de Toledo fue sede de la Corte y capital de la monarquía castellana y fue entonces cuando se desarrolló la “Escuela de Traductores de Toledo”. Bajo el amparo económico y la protección de los arzobispos toledanos, eruditos judíos y cristianos mozárabes se encargaron de la traducción de un buen número de obras clásicas, griegas y romanas, escritas por Aristóteles, Ptolomeo e Hipócrates.

Toledo alcanzó su mayor esplendor en el siglo XVI, incluso después del traslado de la capitalidad a Madrid en el año 1561. La única institución importante que quedó en la ciudad fue la iglesia, por lo que llegó a ser considerada como segunda Roma. En ese ambiente, El Greco, produciría sus mejores cuadros, valorado muy singularmente por las vanguardias artísticas contemporáneas.

En el siglo XIX el motor económico fueron los centros de instrucción militar y la llegada de un sinfín de viajeros alentados por su imagen romántica. Novelistas y poetas difundirán la belleza de Toledo en sus publicaciones.

Actualmente, Toledo es una urbe dinámica en constante crecimiento que fomenta su valor patrimonial y artístico, una gran ciudad donde la cultura, la historia y la innovación se dan la mano.

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